Hola a todos. Hoy os traemos una crónica muy especial. La pasada semana del 17 al 22 de mayo un grupo de ocho de nuestros alumnos de 3º de la ESO junto con las profesoras Cristina Salgado Plaza y Carmen Hoyos García han tenido la oportunidad de vivir en Finlandia una experiencia Erasmus+ única. Durante una intensa semana, han cambiado las rutinas habituales por los paisajes nórdicos, la inmersión educativa y la hospitalidad finlandesa. Os contamos cómo fue esta gran aventura día a día.

Todo comenzó con los nervios a flor de piel en el aeropuerto. Tras un vuelo perfecto y nuestro asombro por la panorámica inmensa de bosques y lagos que nos mostraba Finlandia desde el cielo, el grupo aterrizó en Helsinki dispuesto a exprimir la experiencia al máximo. En el aeropuerto nos esperaban el profesor Sami Puonti y un grupo de alumnas para acompañarnos en nuestro recorrido en minibus hasta Orimattila, nuestro destino final y donde nos encontraríamos con el resto de anfitriones y sus familias. Nos esperaban en el mismo instituto, el Jokivarren Koulu, y la primera impresión del mismo ya nos llamó la atención: no hay vallas! El resto del domingo estuvimos descansando y disfrutando de las sorpresas que nos deparaban nuestros hogares de acogida por una semana.
El lunes a primera hora comenzó nuestra rutina escolar. Una vez en el instituto y después de una calurosa bienvenida por parte del director Antti Ketonen y la coordinadora Erasmus Satu Heinänen, el alumnado finlandés nos mostró el centro y nuestros alumnos enseguida se vieron integrados en el día a día, no sin antes sorprenderse de tantas cosas distintas que estaban viviendo allí a diferencia de nuestra cotidianeidad escolar como por ejemplo quitarse los zapatos en la entrada al centro, que hubieran tan pocos alumnos en cada clase o que en los pasillos hubieran tantos rincones para sentarse, descansar o estudiar a su aire. Sin olvidarnos de la comida: en el Jokivarren se come a las 11.20 y el comedor es gratis para todo el alumnado.
Esa misma tarde tuvimos nuestro primer baño de bosque finlandés. Nuestros amigos nos llevaron a Mieliäissuo donde exploramos los senderos que nos adentraban en esa inmensidad de arboleda nórdica y nos ofrecieron una barbacoa típica degustando productos de la zona.


El martes comenzó con un par de clases y la comida, tras la cual fuimos en autobús hasta Lahti, la ciudad más grande cercana a Orimattila. Allí visitamos el Museo Suurmäki (Museo del Esquí) y subimos a lo alto de los trampolines de esquí olímpicos, uno de los símbolos de la ciudad.

El miércoles 20 salimos al extrarradio para conocer la capital del país. Helsinki nos sorprendió con un choque visual absoluto con dos de sus monumentos más colosales y característicos: la Iglesia Blanca, luterana, austera y minimalista, cuya belleza interior radica en la desnudez de sus paredes y su imponente órgano; y la Iglesia Roja, ortodoxa, coronada por trece torres doradas cuyo brillo al atardecer es espectacular y con un interior que es un derroche de color, repleto de iconos religiosos, lámparas colgantes colosales, detalles en pan de oro y frescos que cubren las paredes.



El jueves, nuestro último día en el Jokivarren Koulu, lo empezamos en la clase de Home Economics, donde todo el alumnado finlandés debe aprender nociones básicas de cocina, gestión financiera y consumo responsable, cuidado de la ropa, etc. Esta asignatura podríamos decir que es el resumen de la filosofía finlandesa educativa que es que la escuela no solo debe prepararte para la universidad o el mercado laboral, sino para saber qué hacer el día que te mudes solo y tengas que sobrevivir por tu cuenta. Te enseña a ser independiente, sostenible y a gestionar la vida adulta. Juntos preparamos pastel de arándanos.



Ya por la tarde hicimos una divertida visita a un pequeño zoo cerca de la escuela. Allí se celebró la ceremonia de clausura, donde se entregaron los certificados y se compartieron snacks y las tartas cocinadas por la mañana.


La mañana del viernes estuvo cargada de emoción. Nos despedimos de nuestros amigos con las promesas de no perder el contacto y con las maletas llenas de recuerdos. Por nuestra parte como docentes comprobamos que nuestros alumnos volvían a casa cansados pero con mayor autonomía, un nivel de inglés reforzado y, sobre todo, amigos para toda la vida.
«Kiitos» Finlandia, por una semana que nuestros alumnos jamás olvidarán.
¡Hasta la próxima aventura!
